Me gusta estar aquí, amarrada en el puerto, segura, tranquila. A veces, cuando la mar se revuelve, las olas me despiertan agitándome y las barcas a mi lado golpean con sus cascos. No me importa, aguanto, porque aquí estoy segura, tranquila.En ocasiones, al cerrar los ojos, mi alma, que es rebelde, decide romper la quietud y se escapa cuando no la veo. Y entonces la llamo y se aleja hacia alta mar. Va en busca de islas desiertas que explorar, de aventuras en barcos piratas, de manadas de acróbatas delfines y playas de coral. Cuando regresa, cabizbaja, con la vergüenza fingida del que quiere ocultar la emoción de lo vivido, me trae, para que la perdone, restos de naufragios y plantas salvajes de islas remotas, tan hermosas; me trae perfumes que huelen a tierras lejanas, a sal, a mástil mojado, a aguas verdes. Yo la riño porque no me gusta que altere mi calma, tengo miedo de perderme, de no querer volver. Aquí estoy segura, tranquila.
Ella protesta, me dice que puedo navegar con ella, marchar lejos y soñar...
"-¡Castigada!", le grito, "-¡deja de volverme loca despertando mi consciencia!"
Temo que un día de estos me atreveré a soltar amarras, levaré el ancla y saldré a buscarla, a buscarme, me dejaré llevar hasta otros puertos para acariciar arenas bañadas por otros mares, mecidas por otras olas, surcadas por otros mares. Sin temor, reinventarme.
A María y Elisa.
Gracias. Yo espero estar contigo en lo que decidas. Sin temor, esa es la clave. Gracias otra vez
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